¿Lo que se muestra en las novelas pasa en la vida real?

Por: Katalina Ramírez Giraldo

Correo: Katalina–ramirez@hotmail.com

En este tiempo los medios tradicionales están mostrando en sus programaciones novelas que muestran la realidad de Colombia, el secuestro. Un ejemplo, el canal RCN con su novela El Estilista,http://elestilista.canalrcn.com/videos/capitulo-7-de-octubre-el-estilista-estilista-7451 en el que hace poco se vio el encuentro de los secuestrados con sus familiares. Pero porque no contar una historia que muestre la vida de las víctimas del conflicto armado en Colombia. Un ejemplo, narrar la vida de los familiares de los desaparecidos, ¿Por qué solo se realizan reportajes o documentales? https://www.youtube.com/watch?v=48Btim3X-dU

Como dicen por ahí “lo que pasa en las novelas, puede pasar en la vida”. Pero no todos cuentan con la suerte de reencontrarse con sus seres queridos, como lo muestra la novela, otros simplemente no saben el paradero de sus familiares.

Eso le pasa a Cecilia Hernández, una mujer que nació en el Bolívar, y es madre de dos hijos, y hoy en día solo vive con uno de ellos, mientras recuerda el rostro del otro ser querido. Hace nueve años empezó a padecer en vida. El 9 de noviembre de 2005 su hijo menor desapareció.

Oswaldo Hernández pertenecía a las AUC http://www.verdadabierta.com/la-historia-de-las-auc, salió de vacaciones y por mucho tiempo no lo volvieron a llamar.

  • Mi hijo se molestó por eso, y dijo que no volvería con ellos que lucharía por ser un buen hombre, que mejor se iba para el ejército.

Oswaldo duró seis meses en la casa sin hacer nada. Se sentía preocupado por estar sin trabajo, no quería ser un mantenido, quería aportar para su vida y el bienestar de sus padres.

Cecilia le había dicho a su hijo que estaba mal lo que hacía, que eso no era correcto, que debía mejorar antes de que fuera tarde.

Su hijo se metió al ejército para no quedarse en la casa sin seguir haciendo nada. A él solo le gustaban las armas, el peligro, la adrenalina y por eso hacía lo que hacía.

  • Él me decía: “madre si me meto en el ejército puedo limpiar mi nombre, reconstruir mi vida y mi camino”.
  • Duró nueve meses con el ejército.

Cuando cumplió los nueve meses de estar allí, recibió dos llamadas, la primera de una amiga,  luego a los cinco minutos Oswaldo recibió la segunda llamada de ese día:

  • “Tiene que salirse del ejército, es una orden no una sugerencia”.

El 3 de noviembre, Hernández llamó a su madre para pedirle un favor urgente, era algo que no podía explicarle, solo quería ayuda.

  • Él me llamó y me dijo que le bajara ropa al terminal de transporte del Norte.
  • Me pareció extraño porque él no estaba acá en Medellín.
  • ¿Por qué ropa y además usted que está haciendo acá en Medellín, mijo?
  • Madre no le puedo explicar. ¡Estoy bien! son cosas de trabajo. Además, voy para Bogotá con un teniente.

Cecilia bajó a la Terminal. Era su hijo, era un favor. Aunque él le había dicho que estaba bien, ella no creyó ni la más mínima afirmación. Ella era su madre y sabía si era verdad lo que su hijo le decía.

  • Yo bajé a la terminar, lo esperé. Cuando él llegó yo no vi a ningún teniente y solté la sopa.
  • ¿Dónde está el teniente, a ver yo veo al teniente?

Como todo hijo, no sabía que responderle porque todo era una mentira. Oswaldo se movía de lado a lado, se tocaba la frente, sacudía su cabeza, sudaba y estaba sin palabras.

  • Él no sabía que decirme, tenía su cabeza llena de pensamientos y dudas.
  • Tomó asiento en una de las bancas de espera de la terminal y me contó todo lo que le estaba sucediendo y le podía suceder.

Cecilia no sabía si estar tranquila. Ella solo le pedía a Dios y a la virgen que él entrara en razón.

  • Yo le pedí, le rogué, le supliqué que no se fuera, mi sentido de madre me decía que algo pasaría.
  • Soy madre, yo era su madre, soy su madre y la incertidumbre ese día me condeno a una pesadilla.

Oswaldo estaba entre la espada y la pared. Por un lado lo iban a coger para meterlo a la cárcel por haber pertenecido a las AUC, por otra parte le obligaron a salirse del ejército y lo estaban amenazando con la vida de sus padres.

La decisión de Oswaldo fue irse. A los 15 días Cecilia recibió una llamada del ejército, le preguntaron si ella sabía que su hijo había desertado del ejército y ella respondió con un sí, sin saber nada de lo que le preguntaban. Llegó diciembre y ella no sabía nada de su hijo. El 28 de diciembre la volvieron a llamar del ejército para comunicarle que su hijo estaba muerto en el sur de Bolívar.

  • Yo le dije al señor del ejército que me llamo que yo quería ir a ese lugar, que si podía ir con ellos pero ellos me respondieron que no.
  • ¡Váyase sola! Porque su hijo deserto, su hijo ya no pertenece a nosotros, solo necesitamos saber si ese que esta allá tirado es su hijo.

Ella salió con una nuera el 29 de diciembre. Llegaron al Sur de Bolívar y en una orilla del Rio de Bolívar encontraron unos restos, ropa, zapatos, un bolso, las medias y la cédula, todo le pertenecía a Oscar.

  • Yo me traje todo eso y lo lleve a medicina legal, a los tres meses me dieron respuesta de que no era mi hijo.

Desde ese día La señora Cecilia Hernández no ha encontrado alguna pista que la lleve a su hijo, no sabe si está vivo o muerto. Hoy en día cuenta con el apoyo de su familia, se volvió a casar después de que le mataran a su primer esposo, es desempleada, vive con tres de sus cuatro hijos, tuvo dos con el actual esposo pero él ha sido el padre de todos sus hijos.

Ella hoy en día pertenece a la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria. http://www.museocasadelamemoria.org/site/?tabid=76. Llegó allí gracias a su hijo Daniel Hernández mayor. Él escuchó a Teresita http://www.semana.com/especiales/proyectovictimas/videos/teresita-gaviria.html, en la Alcaldía de Medellín. Se acercó a ella y le contó lo que su madre estaba pasando con su hermano. Teresita le dio una cita inmediatamente para que hablaran y Cecilia se uniera a la asociación La madre de Oswaldo llegó el día de la cita puntualmente, acompañada de su hijo, desde allí no falta a ningún encuentro, va todos los viernes a las 12:30 P. m al Edificio La Playa y baja a las 2:30 con las demás madres a gritar en la iglesia de la Candelaria ubicada en el parque Berrio que quiere a su ser querido VIVO, LIBRE Y EN PAZ.

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