Escribirme para entenderme

Responder a la pregunta ¿quién soy? no es un acto definitivo, es un proceso vivo. No se responde una vez, se responde muchas veces, en distintas etapas, con distintas heridas, con distintas luces. Hoy no tengo una definición cerrada, pero sí muchas certezas pequeñas que, juntas, me van dibujando.

Empiezo por mi nombre.
Me gusta porque no busca encajar. Katalina no nació de una moda ni de una elección tardía: nació del amor y de la memoria. Mi abuela materna lo eligió en honor a una hija que murió al nacer. Por eso, durante años he sentido que llevo una historia que no empezó conmigo, pero que continúa a través de mí. Tal vez por eso siempre he tenido una relación tan profunda con la vida, con el tiempo, con la presencia.

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Soy Katalina.
Una mujer que escribe para reconocerse. Que aprende para no quedarse quieta. Que lee para entender el mundo y se comunica para no sentirse sola en él.

Este blog nace de esa necesidad: escucharme y compartir. Porque escribir no es solo un acto individual; es un puente. Cada palabra que dejo aquí es un fragmento de mí, pero también una invitación para que quien lea se encuentre consigo mismo.

Soy profundamente humana antes que profesional. Y, aun así, elegí una profesión que me permite observar al ser humano desde todos sus ángulos: soy comunicadora social. Me casé con la comunicación porque creo en el poder de la palabra, en su capacidad de sanar, cuestionar y unir. Y sí, le soy infiel con el marketing digital… pero una infidelidad consciente, apasionada. Me encanta el marketing cuando deja de ser ruido y se convierte en sentido, cuando no manipula emociones, sino que las comprende.

Ayudar al otro me mueve. No desde el sacrificio, sino desde la elección. Me llena más una sonrisa genuina que cualquier objeto material. Siempre he sido romántica con los demás: con la familia, con los amigos, con los desconocidos que se sientan a mi lado en el bus cargando una tristeza que no pidieron. A veces basta un gesto mínimo —un halago, una sonrisa, una palabra— para cambiarle el día a alguien. Y esos microsegundos de luz también me transforman a mí.

Creo que hemos perdido la capacidad de asombro. Caminamos la vida anestesiados. Nos acostumbramos al amanecer, al olor del pasto recién cortado, al amor que nos espera en casa, al perro que salta de alegría cuando llegamos. Todo se volvió paisaje invisible. Y escribir, para mí, es una forma constante de volver a sorprenderme.

Cuando estamos enamorados —o despechados— esa capacidad regresa. Todo se siente intenso, nuevo, vivo. Tal vez porque el amor y el dolor nos devuelven a la presencia. Nos obligan a sentir. Y sentir, hoy, es un acto revolucionario.

Me definen la lealtad y la incondicionalidad. He aprendido a no llamar “malos” a los momentos difíciles; prefiero llamarlos situaciones incómodas. Porque incluso en ellas hay aprendizaje. He dudado de mí, he tocado fondo, me he sentido estancada. Pero también he aprendido a mirarme con respeto, con paciencia, con amor. A entender que crecer no es no caer, sino saber levantarse con más conciencia.

Creo en Dios. No como discurso, sino como prioridad. Y creo en los pequeños placeres: comer sin prisa, saborear, oler, compartir. Disfruto la vida sencilla, pero también estoy aprendiendo a disfrutar mi propia compañía. A ir sola a cine, a cenar conmigo, a tomar vino con un buen libro. No porque no ame al otro, sino porque ahora quiero aprender a estar conmigo.

Hoy, elijo el silencio como espacio de construcción. Elijo leer, escribir, aprender. Elijo viajar para recordar que el mundo es más grande que mis miedos.

Leer es mi forma de pausar la mente. Escribir es mi forma de ordenarla. Pienso mucho, a veces demasiado. Sobrepienso. Y sé que la mayoría de los escenarios que imagino nunca ocurren. Pero escribir los calma. Los acomoda. Los vuelve manejables.

Me importan los animales. Me duele su maltrato. Me conmueve su lealtad. Me recuerdan que el amor no siempre necesita palabras.

Hablar me encanta. Y cuando callo, algo pasa. Por eso escribo. Porque escribir es seguir hablando cuando el alma necesita espacio. Este espacio ya no es solo mío. Es nuestro.

Sigo construyendo mi amor propio. Entendiendo que el amor de mi vida soy yo. Y cada texto que escribo es un ladrillo más de esa casa interna que estoy levantando con paciencia.

Este blog no busca perfección. Busca verdad.
Aquí caben mis dudas, mis certezas, mis silencios y mis euforias.
Si estás leyendo esto, gracias.
Ojalá encuentres en estas palabras un espejo, una pausa o un lugar donde descansar.

Porque escribir, al final, también es un acto de amor.
Y esta soy yo, comunicando desde lo humano. Abierta de par en par.

14 comentarios en “Escribirme para entenderme”

  1. Suele ser difícil definirnos, sin embargo que lindo reconocer que en medio de nuestras imperfecciones, deseamos ser mejores personas, nos ponemos en los zapatos de los demás sin juzgar y dejando salir lo bueno que hay dentro si.

  2. Es iincreíble ver como vas superando todo paso a paso, dando lo mejor de ti cada día para crecer y ser mejor, te felicito por seguir luchando y nunca te rinte pero se qué a esta historia llegaran más momentos maravillosos, así que ten fe y nunca dejes de brillar

  3. Pingback: Aquí estoy y aquí me quedo.

    1. enfocarse es parte del proceso y lo has estado haciendo muy bien, la persona que te has convertido y la mujer tan maravillosa que eres nada lo puede opacar, sigue así y brillarás más de lo que lo haces ahora, un abrazo….

  4. Kata, es realmente interesante leer a una persona con magia, se ve que vibras en los sentimientos mas profundos, y que sabes identificar los aspectos mas valiosos de la vida, se podría decir que eres el unicornio que tanto anhelas que exista, no por lo diferente si no por lo autentico de tu alma, Un saludo y por favor sigue escribiendo.

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