Donde el alma sonríe.

Un espacio donde cada letra busca reconectar conmigo misma.

Hay lugares, momentos y sabores que tienen el poder de hacernos sonreír sin razón aparente. Donde el alma se siente liviana, donde el tiempo se detiene un poco… ahí es.

Me pasaba que estaba en un lugar o con algunas personas y mi cuerpo demostraba esa intranquilidad, aunque no entendía la comunicación que él quería transmitir. Pensaba que era algo normal de un día pesado; sin embargo, ahora entiendo que el cuerpo si comunica todo lo que siente. Tu cuerpo reacciona a las personas correctas. Se reduce tu estrés, tu estómago mejora, duermes mejor, tu piel brilla de nuevo, recuperas tu energía, caminas con seguridad y sonríes otra vez. Son las personas correctas las que llaman ahora “personas vitaminas o “personas amarillas”, las que llegan para aportar alegría y sentido; sin embargo, no son tu felicidad. Vamos aprendiendo que cada uno es dueño de su felicidad y no está bien dejarle esa responsabilidad a nadie. Cuando la vida nos coloca esas personas vitamina, la vida se empieza a mover, agregando momentos positivos, momentos que llenan el alma; tu mente empieza a darte mensajes de que es justo donde quiere estar. Cuando tu hígado sonríe y sientes calma en el alma, la prisa ya no existe, el pasado ya no tiene fuerza y el futuro ya no te genera ansiedad, como lo mencionan en la película “Comer, rezar y amar”. 

Cuando el alma sonríe, sientes que puedes con todo. Es allí cuando deseas que ese momento dure unos minutos o unas horas más; sientes que nada puede dañarse y que todo a partir de ese momento va a estar bien. 

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¿Cuándo sientes que tu alma sonríe?

Para que el alma sonría, necesariamente no todo debe estar bien, pero si sientes que, en medio de tanto caos en tu mente, ese momento te coloca el tiempo en pausa, como que inmediatamente tu cuerpo genera un suspiro de esos que te llenan.

Hay olores que nos recuerdan a esas personas que nos inyectaron algo bueno. Hay lugares que, cuando volvemos, nos hacen revivir el momento y querer que se repita sin darnos cuenta de que el volver es la oportunidad perfecta para crear nuevos momentos que nos hacen sentir que el alma vuelve a brillar.

La frase más común: \”Recordar es vivir\”, y qué cierto es sentir que el alma quiere explotar de alegría cuando \”revives en tu mente justo ese momento\”, que tus ojos brillan con diminutas lágrimas queriendo rodar por tus mejillas, pero las contienes porque no es el momento de llorar, es momento de reír, reír porque te sientes el doble de vivo, reír porque por fin, después de tanto tiempo, sientes que es allí, que pasaste muchos momentos difíciles para estar allí donde el alma sonríe. 

Sin embargo, hay algo de gloria al sentir que el alma explota de alegría solo por el sencillo hecho de saber que ese momento es el resultado de tu esfuerzo, de levantarte cada día dando lo mejor de ti. Ese simple momento donde el alma sonríe es la recompensa por seguir dando pasos con miedo, donde las piernas te temblaban por el miedo de sentir que no podías, pero mírate aquí: \”Lo lograste\”. Falta camino, pero ya sabes que no vas a volver a tropezar con la misma piedra, porque descubriste que al saltarla tu alma sonreía.

El alma sonríe en silencio, sin necesidad de palabras, como una caricia invisible que lo envuelve todo. Son instantes que no se explican, solo se viven, y en ese vivir comprendes que estás justo donde debes estar. Descubres que cada caída, cada pausa y cada paso tuvieron un propósito: conducirte hasta este preciso momento. Y entonces lo sabes… todo lo vivido era el camino que te traería aquí, al lugar sagrado donde, por fin, tu alma sonríe.

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