Un sueño que asusta

Vivir con sueños es lo que nos hace crecer la ilusión.

Los sueños a veces se ven tan grandes que pueden asustarnos o hacernos dudar, y vienen cargados de sensaciones que a veces no identificamos porque se mezclan una con la otra. En este preciso instante, el miedo lo identifico porque vienen cosas desconocidas; sin embargo, nunca llegué a imaginar que todo pasaría tan pronto.

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Todos soñamos con una vida armonizada, en la cual nos vaya bien en lo económico, profesional y amoroso.  Es por eso que tenía la ilusión de vivir una vida que me perteneciera, donde las decisiones fueran solo mías y pensadas para mi bienestar, siendo un poco egoísta, porque en ocasiones debemos pensar en nosotros; sin embargo, para mí pensar en lo que deseaba o quería no era algo normal como puede serlo para los demás; mis decisiones tenían que ser tomadas con decisiones de otros. Y pasa que cuando somos personas con personalidad altruista, priorizamos las necesidades ajenas por encima de las propias.

La vida está llena de decisiones, situaciones interesantes y momentos que traen consigo cierta nostalgia, algunos pesando más que otros, pero siempre vienen cargados de aprendizaje. Hay una sensación que me acompaña constantemente, haciéndome sentir con paz en medio de tanta tormenta, y eso se debe al poder de la oración. Cada persona tiene una creencia y la mía está ligada al catolicismo; para mí sí hay un Dios que mueve todo y mi “arma” es orar. Siento que cuando oro tengo respaldo, me siento menos sola. 

Tener compañía no significa que no te sientas solo. Y aquí viene otro tema, y es que a veces, para llegar a esos sueños, debes soltar y empezar a caminar con las personas adecuadas, porque de la nada llegan esos momentos en que tienes muchas personas a tu lado, pero no son las correctas, no son las que te aportan, sino aquellas que te drenan.

Y entonces entendí algo: los sueños que más nos asustan son justamente los que nos obligan a soltar y confiar. No se trata de tener todas las respuestas, sino de aprender a caminar ligero, aunque duela dejar atrás lo conocido. Hoy elijo creer que lo que viene no es pérdida, sino un reencuentro conmigo misma.

Porque en medio del miedo, también hay fuerza; en medio de la soledad, también hay fe; y en medio del dolor, también nace la esperanza.

Tal vez no sé exactamente qué pasará, pero sí sé que tengo un sueño: vivir una vida auténtica, hecha de mis propias decisiones y mi propio amor. Y ese sueño, aunque me asuste, también es el que me impulsa a seguir. 

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