Una vez más, la violación de los derechos humanos de la mujer en el conflicto armado en Colombia, es tema de conversación y preocupación en el gobierno colombiano.
La población civil ha sido afectada por el conflicto, las mujeres, los niños y niñas, los pueblos indígenas y las comunidades afro-colombianas. Y no dejando a un lado los líderes que asumen la defensa de los derechos humanos.
La mujer ha sido enfoque de violencia desde años anteriores, estamos hablando desde los años 60. Por consiguiente se han formado líderes que protegen los derechos de la mujer, un ejemplo, la revolución sexual, en los años 60, mujeres que luchan por la igualdad, donde reclaman el derecho a poder ser libres y tratadas como otro ser humano pensante y autónomo.
Históricamente la sociedad ha expuesto a las mujeres como el ser social más inferior, a ser sujetas a estereotipos sociales y discriminación. La mujer ha caído en un nivel de desventaja, siendo explotada y manipulada por los victimarios del conflicto armado. La estrategia de guerra de violencia contra las mujeres es utilizada para controlar territorios y comunidades en el país.
La comisión interamericana de derechos humanos, ha identificado cuatro tipos o manifestaciones de violencia en donde se ve afectada la mujer.
El objetivo es “apalear al enemigo”, deshumanizando a la víctima, vulnerando su núcleo familiar. Con estas acciones ellos logran deteriorar la defensa, intimidan y castigan a la mujer. Cuando ellos logran humillar a la mujer, lo hacen recíprocamente con su enemigo, aterrorizan al núcleo familiar o la comunidad a la que pertenece la víctima.
Según la Ley General de Acceso de las mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), pueden encontrarse diferentes tipos de violencia, sin embargo es importante que saber qué tipo es. Las víctimas del conflicto armado, en este caso la mujer, la que le pone el pellejo a la guerra, es sometida a una violencia feminicida, es decir, una violencia extrema que elimina los derechos humanos de las mujeres, llegando al asesinato. Cuando se menciona la violación de los derechos humanos, hace referencia al ámbito público y privado, que llevan a una impunidad social, culminando con el homicidio y otras formas de muerte violenta.
Los actores de este tipo de violencia, logran deshumanizar a su víctima y victimario como se mencionó anteriormente, utilizando violencia física: Golpes, fracturas, cachetadas, empujones, daños en el cuerpo. Una Violencia Psicológica, frases que irrumpen el pensamiento de la persona, que dañen la estabilidad psicológica que consiste en llevar a la mujer, en este caso a la víctima a la depresión, al aislamiento. La violencia sexual, cualquier acto que degrada el cuerpo y la sexualidad de la víctima, atentando contra su libertad, dignidad e integridad física con insinuaciones, acercamientos, tocamientos e introducción forzada sin consentimiento. Por consiguiente, existen cuatro modalidades de violencia, en el conflicto armado se observa solo una modalidad de violencia. Una violencia doméstica, donde es ejercida a la mujer por un integrante del grupo familia, un ejemplo, las propias mujeres que están sometidas a estos grupos, que se son raptadas de sus hogares, para convivir con los actores de la guerra para así ser vulnerados sus derechos, como la dignidad, el bienestar, la integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, la libertad, comprendiendo la libertad reproductiva y el derecho al pleno desarrollo de las mujeres.
Pero no es necesario irnos hasta los pueblos para entender o saber que solo allí se vive un maltrato la mujer en una sociedad de igualdad. Hablemos de casos, cercanos, nuestros hogares, nuestras madres de la ciudad que se ven sometidas al maltrato social, institucional y doméstico.
Teresita Gaviria, nació en un pueblo, llegó a la ciudad y no necesito volver a su vereda para sufrir de nuevo las consecuencias de la guerra.
Teresita nació en una vereda de Antioquia, llamada Altamira. Su madre falleció de tuberculosis dejando a cinco hijos huérfanos. Su familia tuvo que abandonar las fincas que tenían que Urrao- Antioquia por la violencia que había iniciado un grupo de filiación conservadora, el cual los conocían como la “Chusma”.
Ella llegó a Medellín, en compañía de sus cuatro hermanos, el objetivo de irse para Medellín era continuar con sus estudios, pero no pudo hacerlo porque en esos tiempos era muy pocas las oportunidades que tenían los jóvenes para acceder a una educación superior.
Teresita cambió su rumbo de mujer profesional, por el de ser profesional en el matrimonio. La felicidad le duró poco, Gustavo, quien era su esposo, era un bebedor, se mantenía en el bar la “Milonga” y de siete días que tenía la semana, seis llegaba borracho. El papá le había dicho que a las mujeres no se les tocaba ni con el pétalo de una rosa, “pero con palo y correa sí” exclamaba el esposo. Ella ya había pasado por un embarazo, en ese momento estaba esperando a Camilo, su segundo motor de vida, pero eso no era lo que pensaba Gustavo. Para él, las mujeres en embarazo, eran el ser más feo, por la cual Teresita tomó la decisión de irse a vivir donde sus cuatro hermanos, a la casa que ella les había regalado. Allí empezó una nueva etapa de su vida, le tocó como a la mayoría de las madres en este país, ser de mamá y papá, para sus hijos y sus hermanos. Empezó a trabajar en un almacén para poder correr con los gastos de todos los seres que tenía a su cargo. A finales de los 90, consiguió un trabajo en el Estadio Atanasio Girardot, de Medellín, como secretaria general.
Paso el tiempo y llegaron las vacaciones de Teresita, su plan en esas vacaciones, era llevar a sus hijos a conocer Ecuador. Trabajada allí para darles gusto a sus hijos, a ellos les agradaba lo que su madre hacía, aunque eso no les permitiera estar juntos.
Ese día llegó a casa y se encontró con la visita de su gran amigo Wilson, él le contó que empezaría a estudiar ingeniería civil y que por tal motivo viajaría a Bogotá para contarle y darle la noticia a su madre. Camilo estaba allí, escuchando silenciosamente la conversación, cuando de repente, escucha a Wilson pedirle a su madre, que dejara ir a Camilo para que conociera Bogotá. Y ya solo, se escuchaban los gritos de Camilo.
- ¡Sí, Sí!, ya mismo empacó
- Madre, Bogotá me espera y con las manos abiertas
- ¡Esto es una berriondera, madre mía!
- ¡Ay no, eso no, váyase solo!. Exclamo Teresita
El niño, abrazo a la madre y le dijo:
- “Mamita, hermosa déjame ir, mira que yo pasé bien el año y además vamos con otro niño del colegio”
Teresita acepto, al otro día Camilo se levantó emocionado a empacar. El ingeniero llegó y teresita los vio partir. Tres horas después, teresita recibió una llamada: “doña teresita se llevaron al doctor y al niño. Yo estoy en Doradal”. Teresita quedó desconcertada, tomo sus pertenencias y salió para Doradal. Regreso a Medellín al mes, acompañada solo de sus pertenencias.
La desaparición de Camilo hace 16 años, dio origen a la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria, colocando a Teresita como una sobreviviente que le pone el cuero a la guerra en su día a día, viviendo con amenazas y maltratos sociales, en una sociedad de igualdad.
Continuará…

Que increíble historia, pero lo más increíble es ver a mujeres luchando con tormentas en sus vidas y aun así se ponen su armadura y luchan con tanto amor que salen heridas, lastimadas pero sobre todo victoriosa y ganadoras 😉